lunes, 13 de agosto de 2012

Londres 2012 y lo qué dejaron los juegos olímpicos.


El fin de semana pasado, llegaron a su fin los juegos olímpicos de Londres 2012. Con estos, concluyó la trigésima primera edición de los mismos desde su reinstauración en el año de 1896 en Atenas, Grecia. Los próximos juegos se celebrarán en la Ciudad de Rio de Janeiro, Brasil para el año 2016, y la nación anfitriona ha comenzado desde este momento con los preparativos para este destacadísimo evento a nivel internacional.

            Aunque existen muchas perspectivas acerca de los juegos olímpicos a nivel global, es innegable la trascendencia que representa un evento de esta magnitud donde naciones de todo tipo, rompen ideología política, religiosa, social, etcétera, para participar en un ambiente de competencia distinta de la que normalmente se ven envueltas en su entorno habitual.

            En esta ocasión, y como casualmente llega a ocurrir, el primer lugar del medallero es encabezado por los Estados Unidos de América, seguido muy de cerca por la República Popular China y en el tercer lugar, el país anfitrión de la Gran Bretaña. Es interesante el papel de competencia que se desarrolla incluso en el ámbito del deporte y que refleja al mismo tiempo, un escenario no muy distinto al económico, político o social en el que cotidianamente se desarrollan las naciones. Es decir, las potencias mundiales son igualmente potencias en el deporte; panorama que no debe sorprender mucho cuando se analizan las condiciones comunes de cada país.

            Sin embargo, y acá me gustaría hacer un énfasis, el papel de México sigue siendo a mi parecer muy semejante al que existía en un pasado. Aun cuando se ha hecho referencia de que en estos juegos olímpicos, el papel de nuestro país ha sido el mejor de la historia, considero que todavía falta mucho por madurar para verdaderamente desempeñar un papel del cual podamos sentirnos orgullosos. No basta solamente con hacer referencia a que se “ha roto el record mexicano”, o que “estuvimos cerca de ganar el oro” o peor aún “estuvimos cerca de ganar una medalla”. A mi parecer, las medallas no representan el buen o mal desempeño que puede tenerse en cualquier competencia, puesto que en ocasiones no siempre el que se lleva la medalla de oro ha sido el mejor jugador o mejor competidor en una u otra disciplina, sino todo lo contrario el desempeño se mide por la capacidad de cada participante para dar todo y lo mejor de sí mismo.

            Me pregunto la manera en que habrán celebrado sus preseas de oro, plata o bronce, en al menos los tres países que encabezaron el medallero olímpico. Y es que el día sábado, fecha en que la selección mexicana de futbol ganó su única medalla de oro en el deporte que es considerado como el nacional, se festejó a lo largo y ancho del territorio, el hecho inédito que muchas personas esperanzaban. Las televisoras y radiodifusoras de la República se llenaron de anuncios propagandísticos que llegaban verdaderamente al corazón de los mexicanos con mensajes de triunfo y éxito para demostrar que los sueños son posibles. Así, la sociedad se reencontró y refugió una vez más, en un instante de felicidad de los que para esta nación, desgraciadamente suelen ser escasos.

            La verdadera moraleja de las olimpíadas, debería estar enfocada en un sentimiento de superación y no de conformismo. Creo que las siete preseas que con mucho esfuerzo ganaron los atletas mexicanos, solamente pueden servirnos de lección si podemos aprender por ejemplo, de la seguridad que tienen los estadounidenses en cada una de sus competencias; de la disciplina con la que han sido educados los chinos para lograr el mayor de los éxitos; o de la euforia británica para sentirse en casa con esa confianza que los posicionó en el tercer lugar del escalafón.

            A México le falta mucho para pasar de la posición 39 a la 1ª, pero nada es imposible. Si en algo creo, es que el mexicano puede lograr lo que se propone cuando deja de lado su pereza, soberbia y conformismo; y no necesariamente en referencia a los juegos olímpicos, porque la competencia se da en todos los ámbitos, y es muy claro el ejemplo que para bien o para mal: Estados Unidos y China son las potencias tanto a nivel económico como deportivamente hablando. Así que México tendrá que hacer reflexión sobre ello, y pensar que para darle la grandeza que merece esta nación, no basta con una medalla de futbol, hay que desarrollar esa capacidad para transformar y hacer cosas mejores día a día.           

lunes, 6 de agosto de 2012

Un mes después… ¿en qué vamos?


Hace ya poco más de un mes que se celebraron los comicios para elegir Presidente de la República, Senadores y Diputados Federales. En algunos Entidades Federativas, también se hicieron relevos para los cargos de Gobernador, Alcaldías y algunos Congresos locales. Sin embargo, ninguna de ellas ha causado tanto revuelo como la primera, la elección del Ejecutivo Federal.

               Y es que a pesar de que ha pasado ya un mes desde que se celebraron las elecciones, aun no queda plenamente acreditada la posición para quien resultó ser el puntero de la misma. Tenemos nuevamente dos extremos que sin duda son vergonzosos, el de aquellos que dicen que existen pruebas suficientes para invalidar la elección y el de aquellos que señalan que aun cuando existieron violaciones a la Ley a lo largo de toda la campaña electoral e incluso en la jornada misma, consideran que dichos elementos no son suficientes para invalidar los comicios. Prefiero dejar fuera la opinión de aquellos que piensan que la jornada fue ejemplar, porque de manera honesta y respetuosa, no me queda clara la elección de la que hablan.

                Pero la pregunta a todo esto es ¿en dónde estamos parados? Cada vez es más claro que la imposición del más ignorante de los candidatos, será el resultado final de estos comicios. Es decir, Peña Nieto será Presidente de la República y viviremos una vez más, un fraude electoral al que los mexicanos tendrán que sobrevivir por otros seis años si bien nos va. Comienza a darse la segunda etapa de la manipulación, y los medios inician con el bombardeo al decir que la sociedad está cansada, que se ha dado cuenta de que la elección ha sido limpia, de que el loco de Andrés Manuel López Obrador nuevamente quiere ser presidente a la de a fuerza y que los chavos del #YoSoy132 están cada vez más coludidos con los políticos corruptos del país. De todo esto, lo único cierto es que efectivamente la sociedad vuelve a ser víctima de este bombardeo mediático en donde el único triunfo, parece ser la resignación para aceptar a un personaje, como he dicho, el más ignorante peleando el título a Fox, para presidir el cargo político más importante del país, y trascender a la historia como aquel guapete de telenovela sin ningún perfil espectacular que llegó a ser Presidente.   

                La sociedad tiene que aguantar y demostrar que está cansada de que le vean la cara un año sí y el otro también, tiene que salir a las calles a expresar su inconformidad, aun cuando esto represente el hartazgo banal de un s ector de la población conformista que critica desde un asiento dándose aires de intelectuales, sin aportar nada verdaderamente productivo al pensamiento crítico que debería existir en una sociedad que ha sido tan pisoteada a lo largo de su historia misma.

                No es que me situé en una perspectiva pesimista o de conformismo, pero he de aceptar que probablemente Enrique Peña Nieto sea quien encabece la política nacional por los próximos seis años, y es que, aunque en la praxis son más que evidentes las irregularidades que podrían hacer valida la nulidad de la elección, persiste a la par un ordenamiento jurídico que como siempre, protege menos al ciudadano y privilegia más los intereses de los poderes fácticos que controlan al país. Es vergonzoso que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tenga como spot, y que en realidad pareciera su lema, el decir que: “Tú tomas la decisión, nosotros la protegemos”; cuando sigue sin quedar clara la decisión que protegen, y que en vísperas de quedar bien con aquellos que lo mantienen en un cargo, sacrifican de plano el derecho a elegir libremente de aquellos que creen vivir en una democracia.

                No quiero perder la esperanza, y deseo pensar por un momento que invalidar la elección es posible, porque sin duda existen elementos suficientes para proceder en esos términos, pero francamente, al ver a las personas que ocupan las sillas del Tribunal Electoral, la decepción vuelve inevitablemente. Lo único que me queda claro, es que como buenos guerreros que son los mexicanos, aquellos que luchan en verdad por ser libres y aspirar a un país más justo, se impondrán para controlar, criticar y exigir al probablemente impuesto Presidente de la Nación. Porque solamente así, y es que no veo otro camino para no caer al precipicio, será como nuevamente la sociedad mexicana demuestre que tiene una capacidad de la que seguramente no se ha dado cuenta que puede explotar, o que al menos no quiere ejercitar hasta el momento en que algo verdaderamente atroz la apague.

viernes, 13 de abril de 2012

Dinero con Enrique Galván Ochoa


En diferentes escenarios, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador presentaron sus ideas sobre el petróleo y PEMEX, López Obrador dice que PEMEX debe de seguir el modelo de Noruega, el de su empresa STATOIL, y Peña Nieto sostiene que debe de seguir el modelo de Brasil y de su compañía PETROBRAS. Son dos petroleras de muchísimo éxito, de entrada ambos candidatos coinciden cuando menos en dos puntos, no lo verbalizaron pero implícitamente se están pronunciando por cambiar el modelo de PEMEX que opera con pérdidas. Tienen otra coincidencia, es así de explícita, PEMEX debe abrirse a la inversión privada. En cuanto a sus diferencias y las de los partidos que los postulan, hay que advertir que el PRI apoyó al PAN para que continuaran los gasolinazos, los aumentos mensuales de este combustible,que continuarán ocurriendo los próximos tres años, mientras que el PRD y PT votaron en contra. Hay más diferencias, Peña Nieto sostiene que en una primera etapa habría que lograr la apertura de PEMEX mediante una reforma constitucional a fin de hacer de la petrolera una empresa más grande, en la que participe la iniciativa privada, tanto en la exploración como en la producción de petrolíferos y luego, en una etapa posterior bursatilizar su capital, es decir colocar parte de su capital en la Bolsa de Valores, como lo ha hecho PETROBRAS. La experiencia exitosa de PETROBRAS, sin duda se ha convertido en un gran referente, yo creo que hay que aprender mucho de esa experiencia –afirma Peña Nieto- y tiene prisa, dice que esta reforma y otras tienen que salir aprobadas del Congreso entre el día de la elección, el primero de julio y antes de su toma de posesión, el primero de diciembre si es que gana la elección. Por su lado, López Obrador dice que PEMEX debe de seguir el modelo de Noruega, su empresa STATOIL es mayoritariamente propiedad Estatal aunque tiene accionistas privados, propone la construcción de cinco nuevas refinerías a fin de que el país deje de importar gasolina. López Obrador prefiere el modelo noruego porque ha tenido éxito en contener el despilfarro de los recursos. Desde años atrás, el Gobierno de Noruega ha estado invirtiendo parte de las ganancias en una cuenta que se llama “Fondo Petrolero Gubernamental”, los activos de esta cuenta superan los 120 mil millones de dólares, una enorme suma para un país de menos de cinco millones de habitantes, asi que suba o baje el precio del crudo en el mercado internacional, esto no afecta el nivel de vida de la sociedad porque está este colchón, ese fondo. Estos son algunos puntos de EPN y AMLO en cuanto a las propuestas en materia de petróleo y del destino de PEMEX.     

miércoles, 11 de abril de 2012

Rumbo a la derrota por Javier Solórzano

El verdadero arranque de la campaña presidencial empieza el lunes. Las semanas anteriores, posteriores a ese híbrido llamado intercampañas, han servido para que los candidatos estiren las piernas y se suban al ring para darse sus rounds de sombra. Si alguien debió aprender algo estos días es Josefina Vázquez  Mota. Si no se ha dado cuenta de sus tropiezos y la falta de coordinación en su campaña va estar más perdida de lo que se ve.

El incidente del jueves pasado en un pequeño restaurante en Tres Marías pudo ser evitado fácilmente. No es posible que no se haya enviado una avanzada que se hubiera adelantado para crear las condiciones favorables para la llegada de Josefina junto con la parafernalia que por lo general acompaña a los candidatos, trátese de quien se trate. Han querido en su desigual equipo minimizar lo ocurrido; SIN EMBARGO, si bien no es para tanto, el problema no es sólo que se hayan visto afectados un grupos de ciudadanos, es el caos que se ve desde fuera y dentro.

Josefina tiene que ser candidata y dejar a un lado su actitud de personaje “buena onda”. No le puede caer bien a todos y para avanzar debe dar un golpe en la mesa y no sólo cambiar o reestructurar su equipo de campaña. No basta con los muy anunciados cambios, tiene que dirigir ella misma la campaña como lo están haciendo sus adversarios, incluyendo a Quadri. Tiene que ponerse seria políticamente, no sonreír de todo como si esto fuera una especie de pasaporte hacia los votos. El hecho que entre la insidia y la especulación, de la mano de los “dolidos” y derrotados, se ande jugueteado con la idea de su reemplazo es el peor de los signos que puede tener su campaña.

Se ve contracorriente el futuro porque si bien estos días los ciudadanos pudiera ser que no nos hemos podido dar realmente cuenta a quienes tenemos enfrente, la ventaja de entre 15 y 20 puntos es muy amplia a lo que se suma que el PRI tiene un aparato que en las elecciones presidenciales de hace 6 años no tenía el PRD, en los tiempos en que López  Obrador iba adelante de Calderón. El escenario se está acomodando para que Peña Nieto nade de pechito, dicho de otra manera, no arriesga y está en el confort electoral  mientras el tiempo pasa.

Si Josefina no da un golpe importante, atractivo y llamativo para los ciudadanos en los próximos días, difícilmente va a ganar. El cambio en su equipo es un asunto de grillas internas y de “círculo rojo” y a la mayoría de los ciudadanos termina por darles lo mismo, lo que el votante quiere ver es otra cosa y no si está uno por otro. Buena parte de la población ya tiene la definición de su voto, la clave está en los indecisos. ¿Cómo se llega a la definición? Son muchos los factores, pero está demostrado que las emociones; los beneficios que puede obtener el ciudadano con uno u otro candidato; el estado de ánimo el día de la elección; las historias personales; las historias con los gobiernos; y las actitudes e imagen de los candidatos determina el voto. A esto sumémosle las militancias partidarias que como bien se sabe tienen su dosis de irracionalidad.
 
Suponemos que en Los Pinos empiezan a percibir que Josefina está marcadamente más cerca de la derrota que de la victoria. Si la verdadera campaña empieza el lunes habrá que ver cómo regresó después de su turbulenta santa semana. Vázquez Mota está pagando su desigual inicio de campaña junto con una mala marca que trae, nos referimos al PAN y al gobierno. Parte de sus spots y discursos hacen referencia a que es “diferente”. La pregunta es qué quiere decir “diferente”. El único referente que tenemos es el gobierno panista.

Está metida en un problema mayor y va contracorriente. Su ventaja, a pesar de todo, es que todavía hay tiempo, pero es evidente que si no da un golpe pronto que le permita reposicionarse, más vale que piense desde ya qué va a hacer después del primero de julio porque por lo menos hoy su rumbo es la derrota.

martes, 21 de febrero de 2012

Elastichica por Denise Dresser

Josefina Vázquez Mota sonríe. Y sonríe. Y sonríe. Pero también hace otra cosa al arrancar su campaña presidencial. Como la protagonista “Elastichica” de la película Los Increíbles, se estira en una dirección con la mayor facilidad, y luego en la otra sin pestañear siquiera. Es la candidata que sabe decirle a cada quién exactamente lo que quiere oír. Puede desayunar en la mañana con los concesionarios de radio y televisión y salir ovacionada. Por la tarde recibe aplausos emocionados de los que están al frente de las radios comunitarias. Habla de “consolidar” el trabajo de Vicente Fox y Felipe Calderón, mientras aspira a un “México posible”, que sus predecesores panistas no lograron construir. Puede presentarse en un mismo día como una candidata del cambio y como un avatar de la continuidad. Josefina elástica, flexible, moldeable y por ello mismo difícil de aprehender. Difícil de entender.

No cabe duda que es una mujer políticamente hábil y mediáticamente astuta. Ha sabido tender puentes entre tirios y troyanos, entre miembros del gobierno y representantes de la sociedad civil. Ha sabido estar al frente de dos Secretarías importantes -Desarrollo Social y Educación- y crear equipos talentosos desde allí. Conversa, seduce, elogia, concilia, convoca. Se presenta como un personaje más cercano a la ciudadanía que sus contrincantes. Pero lo que la hace distintiva hasta este momento no son sus posturas sino su género. Lo que la hace memorable en esta coyuntura no es el hecho de apoyar la reforma política sino el hecho de ser mujer. Sólo en eso es válida su afirmación de no ser más de lo mismo. En todo lo demás representa la continuidad con las administraciones panistas de los últimos 12 años. No quiere romper con Felipe Calderón porque no sabría a dónde ir, qué decir, qué ofrecer, en dónde estar parada.

Es cierto, Josefina Vázquez Mota es mujer y eso le da la ventaja de la novedad. Pero es una mujer de convicciones poco claras y eso le restará apoyos si no se define y de mejor manera. Basta con escuchar la elasticidad de sus palabras, la maleabilidad de sus pronunciamientos. Afirma que “es momento de replantear la política pública en el campo mexicano”, pero no dice cómo. Dice que “no tiene miedo para enfrentar el crimen organizado”, pero no delinea la estrategia con la cual lo hará. Propone fortalecer el mercado interno pero no explica el plan para lograrlo. Insiste en la reconstrucción de la paz en el país, pero para asegurarla sólo ofrece darle a México el mismo trato que despliega con sus hijas. Dice que combatirá los monopolios cuando ella fue una de las negociadoras que llevó al PAN a apoyar la Ley Televisa, como coordinadora de campaña de Felipe Calderón.

Cuando se le pregunta sobre la homologación del IVA responde que “más que una medida parcial, lo que requerimos es una reforma hacendaria integral”. Cuando se le cuestiona sobre la necesidad de otra reforma energética contesta que “más que una reforma energética lo que requerimos es seguir trabajando en aspectos que no hemos reformado”. Cuando se le interroga sobre la posible desaparición del IMSS y del ISSSTE para crear un solo sistema de seguridad pública responde simplemente “tenemos que hacer una revisión profunda de las instituciones”. Y es aún más elástica y escabullidiza en el tema del combate al crimen y la guerra contra el narcotráfico. Reconoce la valentía personal de Felipe Calderón, pero más allá de eso no aporta más que la frase trivial, la declaración banal, la respuesta hueca.
Josefina habla mucho pero dice poco; sonríe mucho pero se compromete poco. Hasta hoy su candidatura es una falda abotonada con buenas intenciones. Y eso no será suficiente para afrontar el lento crecimiento de la economía, el escalamiento intenso de la violencia, el hartazgo ciudadano con el PAN. Si Josefina no empieza a asumir posiciones que la distancien de Vicente Fox y Felipe Calderón, acabará siendo la candidata del statu quo. Quedará aprisionada entre un Enrique Peña Nieto que ofrece el valor de la experiencia -aunque haya sido corrupta- y un López Obrador que ofrece el rompimiento radical a través de la República besucona. Quedará atrapada entre quien dice sí saber gobernar y el que promete hacerlo de forma fundamentalmente distinta. Quedará acorralada entre el esfuerzo de restauración priista y el intento de seducción lopezobradorista.

En el discurso en el cual asume su candidatura, Josefina declara que el enemigo a vencer es Enrique Peña Nieto, que “no conoce a fondo los problemas del país y que tiene muchos compromisos”. Pues para confrontarlo y ganar, tendrá que reemplazar la elasticidad por la congruencia, la maleabilidad por la toma de posiciones contundentes, el escabullimiento por la manifestación de posturas valientes. Tendrá que romper con los mismos compromisos que le achaca a Peña Nieto y que explican por qué el PAN ha podido hacer tan poco en los últimos dos sexenios. Tendrá que hacer una campaña de contrastes con el PRI del pasado y ello requerirá ser una mujer de hierro y no una mamá de plastilina.

lunes, 13 de febrero de 2012

Maternalismo por Jesús Silva-Herzog Márquez

Josefina Vázquez Mota ganó con facilidad la candidatura del PAN. No tuvo que esforzarse por bosquejar una idea de gobierno, no se tomó la molestia de debatir con sus adversarios en el partido. Se paseó por el país con la sonrisa como único mensaje y con el discurso de género como novedad característica. Integrante prominente de los dos gobiernos panistas no trató en ningún momento de esclarecer la línea de continuidad y el punto de cambio que propone para el futuro. No es que permaneciera callada, es que de sus palabras es imposible extraer una idea. Lugares comunes envueltos en buenas intenciones. La candidata del PAN puede hablar durante horas sin que se tropiece con un argumento. Vázquez Mota padece la enfermedad que azota por igual a políticos y locutores. Ambos suelen ser víctimas de la palabrería: una incontinencia verbal que trata a la palabra como costal para tapar el silencio.

Entre la palabrería de la candidata despunta un mensaje que se perfila como el corazón de su discurso electoral. Al celebrar su victoria en la contienda interna del PAN, Josefina Vázquez Mota ofreció en varias ocasiones un gobierno maternal. Cuidaré de ustedes como he cuidado a mis hijas, dijo una y otra vez. Frente a los panistas que celebraban su victoria presentó a su familia como ejemplo de su política, presentándola al país como un modelo. Al parecer, la guía de su política ha sido la experiencia de su propia maternidad. Cuidaré de México como he cuidado de mi casa. El punto es llamativo porque se trata de una política con innegable experiencia de gobierno. Nadie como ella representa a las dos administraciones panistas. Trabajó con Fox y también con Calderón. Estuvo al frente de la Secretaría de Desarrollo Social y de la Secretaría de Educación Pública, dos monstruos de la administración pública federal. Encabezó la bancada panista en la Cámara de Diputados. Por eso, porque no se trata de una novata, porque nadie podría negar que es una profesional de la política, sorprende que su mensaje desdeñe su experiencia administrativa para subrayar su experiencia familiar.

Mientras la izquierda propone una república amorosa, la derecha propone una política maternal.

La presidenta como madre que nos cuida, que nos alimenta, que nos protege de los malos y nos educa para el bien. No niego que la línea sea emocionalmente poderosa. No dudo que funcione y que, en algunos círculos, resulte hasta conmovedora. Lo que quisiera explorar es si ese discurso es democráticamente aceptable y si está la candidata dispuesta a asumir las consecuencias de esa concepción. Asociar el gobierno con la paternidad (o la maternidad) es una de las ideas más antiguas y, quizá por ello, una de las nociones primordiales de la política: el gobernante como un padre protector que, con severidad (o dulzura), nos hace ver lo que por nuestra inmadurez, no alcanzamos a entender. El paternalismo nos niega como ciudadanos capaces de evaluar el mundo por nosotros mismos. Nos ve como niños y nos trata como niños. Nos cree incapaces de decidir y, sobre todo, está convencido de que nos podemos hacer mucho daño si nos dejan libres. Cuando el patriarca nos castiga es, siempre en nuestro nombre y para nuestro propio bien. Por eso me parece inaceptable el maternalismo de Josefina Vázquez Mota. Sería aberrante que Peña Nieto o López Obrador ofrecieran cuidarnos como cuidan a sus hijos porque lo que queremos de un gobernante es que nos reconozca como ciudadanos. 
 
El maternalismo de Josefina Vázquez Mota es la forma más desafortunada de usar políticamente la carta de género porque lanza a su propia familia al ring de la contienda, porque confunde el ámbito privado con la esfera pública, porque desliza una preocupante negación de nuestra adultez. No niego la importancia histórica de que Josefina Vázquez Mota sea la primera mujer con probabilidades serias de ocupar la presidencia de la república. No niego tampoco que una mujer pudiera, por el hecho de serlo, representar un estilo de liderazgo peculiar que, como ha apuntado Joseph Nye, sea más adecuado a los nuevos tiempos. Lo que cuestiono es que se invoque a la familia como modelo político. Hacerlo invita a una inspección que nada aporta a la vida pública. Si la panista relata que nos cuidará como ha cuidado de sus hijas, ¿tendríamos derecho a examinar cómo lo ha hecho? ¿Podríamos criticarla en los medios como madre de familia? ¿Creería legítimo que se cuestionara públicamente su maternidad? Supongo que no: para evaluar a la política debemos mantenernos lejos de la recámara de sus hijas. La candidata no debería invitarnos a abrir esa puerta.

La urgencia de escapar del vocabulario bélico de Felipe Calderón ha provocado graves retrocesos discursivos: la invocación del amor y de la familia como remedios a la guerra.

jueves, 2 de febrero de 2012

FANTASÍAS PEÑANIETISTAS por Iván Santillana.

Hace un par de días, conversando con un buen amigo a través de alguna red social, salió a diálogo un tema del que se ha hablado mucho los últimos meses en el ámbito político mexicano: Los errores de comunicación y mercadeo de Enrique Peña Nieto.


Y es que, faltando poco tiempo para que se realicen las elecciones presidenciales, el pueblo mexicano ha comenzado a tomar en consideración cada detalle de los posibles candidatos a ocupar el trono ejecutivo del sub-imperio azteca. Tal es el caso de mi camarada, quien me cuestionó del porqué algunos ciudadanos hemos tomado tan a pecho la postura “No Lectora” de Peña Nieto. He aquí el razonamiento de mi disgusto.


La historia (Tanto en su versión oficial, como en la verídica. La segunda más que la primera) se ha encargado de demostrarnos que en nuestro país el problema, de fondo y forma, ha sido la bajísima calidad en la educación pública y, sobretodo, la falta de interés por parte de nuestros compatriotas en aspectos tan sencillos como la cultura, la ciencia, el arte, la creatividad y la consciencia social. Incluso, podría mencionar como factores influyentes en este crónico conflicto a las corrientes religiosas y a la idiosincrasia general; sin embargo, para ello requiero mayores argumentos que ahora mismo no vienen al caso.


Ahora bien, tomando en consideración dicha problemática debemos analizar el hecho de que, es tarea de las instituciones gubernamentales implementar programas de apoyo a la ciudadanía que garanticen una igualdad de oportunidades en el acceso a medios informativos que resulten eficaces para la formación de un carácter crítico-emprendedor en la juventud mexicana. Por ende, la figura del Presidente de la República, debería (hablando utópicamente) estar representada por un personaje que además de liderazgo, proyecte: Una imagen amigable hacia el conocimiento, sensibilidad en las necesidades sociales, solidaridad para combatir la desgracia común, familiarizado con el sentir del pueblo, preocupado por el cuidado del medio ambiente, férreo defensor de los derechos humanos, obrero de un proyecto firme que busque alcanzar un progreso sostenido, laico, firme, honesto, enérgico… entre otras cosas.


Tal vez parezca imposible o hasta exagerada la idea de contar con una figura de tal eficiencia, pero creo que es nuestro deber como ciudadanos exigir en todo nivel de gobierno e instancia pública el mayor grado de especialización y compromiso posibles. De otra manera, nuestro pueblo seguirá siendo vulnerable al ataque de infinidad de enemigos internos cuya única finalidad será la de obtener mayor poder a costa del sufrimiento y carencia generalizada. Así mismo, creo que todo mexicano está obligado a emitir una crítica de sí mismo y preguntarse: ¿Qué está mal en mi actuar cotidiano? Y no sólo eso, sino plantearse como propósito encontrar una solución eficaz para corregir sus errores.


Para concluir, me gustaría tener la oportunidad de recomendarle a Enrique Peña Nieto (a través de sus asesores) planear una estrategia que lo deslinde de esa imagen ignorante, superficial, burguesa y desidiosa en la que se le ha etiquetado. Basta con que analice a sus contrapartes y tenga la delicadeza de identificar que, si algo tienen en común (aparte del deseo por vencerlo) es que prácticamente todos ellos han escrito libros, artículos, iniciativas y proyectos de ley, programas públicos, planes de desarrollo, y demás.


A mi amigo, de manera más personal, le respondería que no esperamos que Enrique Peña Nieto sea fiel seguidor de Nietzsche, Dostoievski, Bukowski, Hemingway, Voltaire, García Márquez, Fuentes, Octavio Paz, Neruda, Vargas Llosa, Benedetti, Cortázar, Fitzgerald, Sheakespeare, Homero, Virgilio, Netzahualcóyotl y demás. Pero, podemos pedirle que este relacionado con lecturas propias de todo aquel que se interese en las ciencias políticas y sociales como las de  Aristóteles, Maquiavelo, Kant, Kelsen, Hegel, Marx, Engels, Weber, Bobbio, etc. O ya como mínimo, exigirle que lea el sistema normativo que regula la vida de la sociedad mexicana; así, al menos, cuando le pregunten “¿Cuál es su libro favorito?” podría sacarse de la manga una respuesta como la de Andrés Manuel López Obrador: “La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”.